El registro fósil.
Hablar de evolución biológica es, en primer lugar, constatar la
aparición progresiva de las diferentes especies, y las semejanzas morfológicas
entre las especies próximas en el tiempo. A partir de esos hechos, el
evolucionismo interpreta la mera semejanza morfológica como surgimiento de unas
especies a partir de otras, por medio de una relación de causalidad. Aunque el
registro fósil pone de manifiesto esa semejanza entre las especies de estratos
contiguos, cabe preguntarse si dicha semejanza constituye una prueba definitiva
de su unión filogenética. Lo único cierto, en razón de su evidencia, es la
progresiva complejidad y perfección de las especies a lo largo del tiempo. Por
eso, el concepto de evolución sólo se puede aplicar de forma estricta a dicho
escalonamiento perfectivo. Si lo aplicamos al encadenamiento, estamos
formulando quizá la más probable de las conjeturas.
El inventario de los fósiles confirma la clasificación de los vivientes en cinco reinos: bacterias, células eucariotas, hongos, animales y plantas. A partir de ahí, el evolucionismo lucha por descubrir la cadena filogenética que supuestamente une a todas las especies –de la bacteria al ser humano-, pero no encuentra explicación ni demostración para el origen de los cinco reinos señalados. Actualmente podemos identificar 3 millones de especies vivas, y suponemos que 7 millones escapan a nuestro conocimiento. Esos 10 millones de especies se agrupan en 89 filum o grandes familias: 16 filum de bacterias, 27 filum de eucariotas, 5 de hongos, 32 de animales y 9 de plantas. Los origenes de estas ramas principales de la vida también son muy oscuros, y apenas han dejado rastro fósil. De hecho, nadie se atreve a identificar el tronco ancestral de los Protozoos, ni el tronco de los Artrópodos, ni el de los Moluscos, ni el de los Vertebrados. Esa ausencia de fósiles en las grandes jornadas de la evolución, hipoteca toda la teoría.
El inventario de los fósiles confirma la clasificación de los vivientes en cinco reinos: bacterias, células eucariotas, hongos, animales y plantas. A partir de ahí, el evolucionismo lucha por descubrir la cadena filogenética que supuestamente une a todas las especies –de la bacteria al ser humano-, pero no encuentra explicación ni demostración para el origen de los cinco reinos señalados. Actualmente podemos identificar 3 millones de especies vivas, y suponemos que 7 millones escapan a nuestro conocimiento. Esos 10 millones de especies se agrupan en 89 filum o grandes familias: 16 filum de bacterias, 27 filum de eucariotas, 5 de hongos, 32 de animales y 9 de plantas. Los origenes de estas ramas principales de la vida también son muy oscuros, y apenas han dejado rastro fósil. De hecho, nadie se atreve a identificar el tronco ancestral de los Protozoos, ni el tronco de los Artrópodos, ni el de los Moluscos, ni el de los Vertebrados. Esa ausencia de fósiles en las grandes jornadas de la evolución, hipoteca toda la teoría.
Lo más grave del caso es que, entre los 3 millones de especies vivas
conocidas, no poseemos ninguna demostración real de la transformación de una
especie en otra. Los especialistas en genética llevan años cultivando en
laboratorio millones de drosófilas, las vulgares moscas del vinagre. Sus
experiencias han permitido obtener formas nuevas, que difieren por el color de
sus ojos, la forma de sus alas y el dibujo de sus colores. Pero, al cabo de
estas laboriosas experiencias, a partir de las drosófilas no han obtenido nunca
más que... drosófilas. Mucho más problemática se presenta, por supuesto, la
descendencia de los mamíferos y de las aves a partir de los reptiles; la de los
reptiles a partir de los anfibios; y la de los anfibios a partir de los peces.
Esta situación hizo escribir a Pierre Grassé –uno de los grandes zoólogos del
siglo XX-, que "dada la ausencia casi total de fósiles pertenecientes a
los troncos de los filum, toda explicación del mecanismo de la evolución se ve
inevitablemente lastrada de hipótesis. Esta constatación debería formar parte
del encabezamiento de todo libro dedicado a la evolución".

Yo creo que cuando se habla de evolución, no es que haya un cambio de especie. Los cambios se van dando muy poco a poco, cambios casi imperceptibles en las características de un ser vivo.
ResponderEliminarSi, de hecho se tan poco a poco que pasaron millones de años en que el ser humano evolucionara de australopithecus a Homo sapiens (lo que somos ahora) que solo con el paso de los años se ven las diferencias. Para más información lo publicaremos en nuestra siguiente entrada.
ResponderEliminarLos fosiles son uy interesantes, ya que gracias a ellos sabemos de nuestros antepasados
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