lunes, 27 de febrero de 2012

El azar y la finalidad

El evolucionismo nos dice que combinaciones al azar durante millones de años han producido vida, y más combinaciones al azar, durante más millones de años la han diversificado en innumerables especies. Tal vez a nivel biológico podamos admitir dicha explicación. Pero, a continuación debemos preguntarnos si el nivel biológico es el definitivo.
Gordon Taylor, evolucionista, que solía contar el caso de los trilobites, animalitos primitivos que se extinguieron dejando millones de fósiles; descubrió al analizar sus ojos que habían resuelto por su cuenta problemas de óptica sumamente complejos: las lentes estaban formados por el único material apropiado, cristales de calcita; tenían la curvatura exacta; estaban protegidos por una cornea y habían sido alineados con presición, de forma que no era necesario enfocar. Además consiguieron desarrollar una lente para corregir la aberración óptica, idéntica a la que proponían son conocer los trilobites, Descartes y Huyghens. ¿Cómo corrigieron la complicada información genética necesaria para construir esa estructura casi milagrosa?. Todo esto, concluye Taylor, parece un plan minucioso y no el rsultado de accidentes felices.

Este plan de Taylor, no es otra cosa que la Noción de finalidad, conocida desde los tiempos de Sócrates. No es una noción científica- como tampoco lo son la justicia o el amor- pero su evidencia es apabullante y pone de manifiesto que el conocimiento científico no abarca toda la realidad, que no es toda la verdad y que la racionalidad científica es solo una parte de la racionalidad humana. De echo aunque el biólogo no estudie la finalidad, los organismos que estudia no existirían sin ella.
El azar no es una realidad empírica; prescisamente porque el azar es otro punto débil sobre el evolucionismo. Al ser indemostrable, no puede ser objeto de ciencia. Además va contra la evidencia del orden y regularidad.

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