martes, 28 de febrero de 2012

Juntando las dos posturas...

Una vez que conocemos ambas posturas y vemos en que consisten cada una de ellas; podemos darnos cuenta de que no solo no se oponen, sino que se complementan. Como ya lo hemos visto antes, una habla de el INICIO de la vida y la otra de como VA CAMBIANDO ESTA.
La creación habla de crear, es decir, producir de la nada, y la evolución de como estas creaciones van cambiando y evolucionando.
 Amabas  se necesitan y explican mutuamente y  hay entre ellos una conexión bidireccional. “La ciencia sin la religión está coja y la religión sin ciencia está ciega” (A. Einstein).

La evolución se sostiene de la creación ya que esta última dio inicio a todo lo demás, y a que los cambios se pudieran dar.

Evolución del ser humano


Evolución del Hombre


El hombre como ya hemos mencionado,  ha ido evolucionado a través de la historia y de muchos  siglos. Al principio de la Evolución estaban los homínidos, los cuales tienen muchas características similares a las que tenemos hoy en día. Un homínido es un primate bípedo, que  tiene como hábito tomar objetos con las manos  y ser diurno (duerme de noche). 
Entre las especies que sufrieron todos estos cambios están:

Astrolopithecus afarensis




  • Astralopithecus quiere decir" simio africano"
  • Tiene mandíbulas poderosas y fuertes
  • Son omnívoros 
  • Es robusto, ágil y fuerte
  • Vivian en cavernas
  • Practicaban el canibalismo
  • La más famosa es "Lucy", fue encontrado en la década de 1960 en África oriental, (Etiopía)
  • Homo Habilis




    • Significa hombre habilidoso
    • Tenían herramientas de piedra
    • Era robusto, ágil y caminaban de manera erguida
    • Utilizaban el fuego, más no sabían producirlo o conservarlo


    Homo Erectus


    • hombre erecto
    • Fabricaban herramientas de madera
    • Era alto, delgado, tenía el pulgar más separado y era mas grácil
    • Aprendieron a conservar y utilizar el fuego, más no a producirlo.
    • Vivió 10 veces más que la mayoría de las especies de homínidos
    • Los más famosos son el Hombre de Java y el Hombre de Pekín

    Homo Sapiens Neanderthal



    • Hombre racional
    • Era robusto, con extremidades más cortas y gran capacidad craneal
    • Vivían en grupos de 20 a 30 integrantes
    • Se adaptaban al frío
    • Llevaban a cabo ritos funerarios
    • Eran omnívoros
    • Y los primeros en ser encontrados estaban en Bélgica y Alemania

    Homo Sapiens Sapiens


    • Mismas características que el hombre actual
    • Tiene gran capacidad cerebral
    • Protagonizó grandes cambios sociales, económicos y políticos
    • Eran omnívoros

    lunes, 27 de febrero de 2012

    El azar y la finalidad

    El evolucionismo nos dice que combinaciones al azar durante millones de años han producido vida, y más combinaciones al azar, durante más millones de años la han diversificado en innumerables especies. Tal vez a nivel biológico podamos admitir dicha explicación. Pero, a continuación debemos preguntarnos si el nivel biológico es el definitivo.
    Gordon Taylor, evolucionista, que solía contar el caso de los trilobites, animalitos primitivos que se extinguieron dejando millones de fósiles; descubrió al analizar sus ojos que habían resuelto por su cuenta problemas de óptica sumamente complejos: las lentes estaban formados por el único material apropiado, cristales de calcita; tenían la curvatura exacta; estaban protegidos por una cornea y habían sido alineados con presición, de forma que no era necesario enfocar. Además consiguieron desarrollar una lente para corregir la aberración óptica, idéntica a la que proponían son conocer los trilobites, Descartes y Huyghens. ¿Cómo corrigieron la complicada información genética necesaria para construir esa estructura casi milagrosa?. Todo esto, concluye Taylor, parece un plan minucioso y no el rsultado de accidentes felices.

    Este plan de Taylor, no es otra cosa que la Noción de finalidad, conocida desde los tiempos de Sócrates. No es una noción científica- como tampoco lo son la justicia o el amor- pero su evidencia es apabullante y pone de manifiesto que el conocimiento científico no abarca toda la realidad, que no es toda la verdad y que la racionalidad científica es solo una parte de la racionalidad humana. De echo aunque el biólogo no estudie la finalidad, los organismos que estudia no existirían sin ella.
    El azar no es una realidad empírica; prescisamente porque el azar es otro punto débil sobre el evolucionismo. Al ser indemostrable, no puede ser objeto de ciencia. Además va contra la evidencia del orden y regularidad.

    domingo, 26 de febrero de 2012

    Ciencia y mitología

    En el origen de las especies Darwin habla de "leyes impresas por el creador en la materia". Dentro de estas leyes están las que hacen capaces a los seres de reproducirse y de sufrir cambios morfológios, y son estas las que hacen posible la evolución. Un siglo más tarde esta hipótesis de Darwin se convirtió en la alternativa laica al retrato biblíco del Génesis. Excluir a Dios del mundo tiene una inmesa importancia cultural, que exige al evolucionismo miles de investigadores especializados, además de profesionales capaces de conectar con el gran público: profesores y maestros, autores de libros de texto y programas televisivos, reconstrucciones brillantes en museos... solo así se puede convertir el evolucionismo en un mito.

    Surgidos para reemplazar la imagen religiosa del mundo, los grandes mitos modernos, marxisimo, psicoanálisis, positivismo, evolucionismo, han sido religiones de sustitución; son producto más de la imaginación que de la razón, argumenten con causas ocultas indemostrables.
    Darwin reconoció que las pruebas fósiles pesaban demasiado en su contra; cuando comprobamos que un registro fósil no respalda el darwinismo, más bien lo invalida. pero la ortodoxia darwinista consiste en ver las dificultades y ver a otro lado, con el convencimiento de poseer la única explicación que puede tener la vida.
    El darwinismo oficial considera que "el heco de la evolución" es verdadero por definición.
    Julian Huxley, orador más aplaudido durante la celebración en Chicago del centenario de "El origen de las especies" ,declaró que en el esquema evolucionalista ya no hay necesidad para lo sobrenatural. "La tierra no fue creada: evolucionó, y lo mismo hicieron los animales, y las plantas, al igual que el cuerpo humano, la mente, el alma y el cerebro".


    Durante 2,000 años el prestigio de Aristóteles y Tolomeo hizo que nadie dudara del modelo cosmológico geocéntico, a pesar de las evidencias en contra. Durante los últimos 150 años el prestigio de Darwin ha conseguido  que su modelo de evolución se admita sin discusión en medios científicos y en la opinión pública, a pesar de la falta de pruebas y las evidencias contrarias.


    El Registro Fósil.



    El registro fósil.
    Hablar de evolución biológica es, en primer lugar, constatar la aparición progresiva de las diferentes especies, y las semejanzas morfológicas entre las especies próximas en el tiempo. A partir de esos hechos, el evolucionismo interpreta la mera semejanza morfológica como surgimiento de unas especies a partir de otras, por medio de una relación de causalidad. Aunque el registro fósil pone de manifiesto esa semejanza entre las especies de estratos contiguos, cabe preguntarse si dicha semejanza constituye una prueba definitiva de su unión filogenética. Lo único cierto, en razón de su evidencia, es la progresiva complejidad y perfección de las especies a lo largo del tiempo. Por eso, el concepto de evolución sólo se puede aplicar de forma estricta a dicho escalonamiento perfectivo. Si lo aplicamos al encadenamiento, estamos formulando quizá la más probable de las conjeturas.

    El inventario de los fósiles confirma la clasificación de los vivientes en cinco reinos: bacterias, células eucariotas, hongos, animales y plantas. A partir de ahí, el evolucionismo lucha por descubrir la cadena filogenética que supuestamente une a todas las especies –de la bacteria al ser humano-, pero no encuentra explicación ni demostración para el origen de los cinco reinos señalados. Actualmente podemos identificar 3 millones de especies vivas, y suponemos que 7 millones escapan a nuestro conocimiento. Esos 10 millones de especies se agrupan en 89 filum o grandes familias: 16 filum de bacterias, 27 filum de eucariotas, 5 de hongos, 32 de animales y 9 de plantas. Los origenes de estas ramas principales de la vida también son muy oscuros, y apenas han dejado rastro fósil. De hecho, nadie se atreve a identificar el tronco ancestral de los Protozoos, ni el tronco de los Artrópodos, ni el de los Moluscos, ni el de los Vertebrados. Esa ausencia de fósiles en las grandes jornadas de la evolución, hipoteca toda la teoría.
    Lo más grave del caso es que, entre los 3 millones de especies vivas conocidas, no poseemos ninguna demostración real de la transformación de una especie en otra. Los especialistas en genética llevan años cultivando en laboratorio millones de drosófilas, las vulgares moscas del vinagre. Sus experiencias han permitido obtener formas nuevas, que difieren por el color de sus ojos, la forma de sus alas y el dibujo de sus colores. Pero, al cabo de estas laboriosas experiencias, a partir de las drosófilas no han obtenido nunca más que... drosófilas. Mucho más problemática se presenta, por supuesto, la descendencia de los mamíferos y de las aves a partir de los reptiles; la de los reptiles a partir de los anfibios; y la de los anfibios a partir de los peces. Esta situación hizo escribir a Pierre Grassé –uno de los grandes zoólogos del siglo XX-, que "dada la ausencia casi total de fósiles pertenecientes a los troncos de los filum, toda explicación del mecanismo de la evolución se ve inevitablemente lastrada de hipótesis. Esta constatación debería formar parte del encabezamiento de todo libro dedicado a la evolución". 

    miércoles, 22 de febrero de 2012

    Darwin y la selección natural


    DARWIN Y LA SELECCIÓN NATURAL

    La ciencia avanza cuando un amplio conjunto de hechos puede ser reducido a leyes integradoras. Lo propio de la Biología es encontrar principios que den razón de la pluralidad aparentemente heterogénea de los organismos vivientes. Desde Darwin, la teoría de la evolución representa el más persistente intento de explicación de esa pluralidad. La historia del evolucionismo es reciente. 
    El mismo año que nació Darwin (1809), Lamarck presentó en su Filosofía zoológica la idea básica del transformismo: que las especies han ido apareciendo dentro de un proceso evolutivo en el que unas se transforman en otras. 

    Se suponía que el mecanismo de transformación era la herencia de los caracteres adquiridos por los seres vivos en su esfuerzo por adaptarse al medio. Es clásico el ejemplo de la jirafa, que llegaría a tener un cuello tan largo a base de esfuerzos repetidos por alcanzar el alimento en las ramas de los árboles. Mediante esos esfuerzos, los vivientes desarrollarían los órganos más utilizados, y la transmisión hereditaria de ese nivel de desarrollo daría lugar a cambios que finalmente supondrían una nueva especie.
    Darwin recogió de Lamarck la adaptación al medio, y reforzó el mecanismo de transformación con otro resorte tomado de Malthus: la selección natural. Pocos años antes, Malthus había escrito que nos acercábamos a un mundo superpoblado, donde sobrevivirían los seres humanos mejor dotados. Darwin vió que en todos los seres vivos se da una lucha por la vida, y supuso que la supervivencia del más fuerte daba lugar a una selección natural que conservaba y transmitía las variaciones favorables, produciendo especies cada vez mejor adaptadas al medio ambiente.

     Darwin afirmó, en concreto, que todos los seres vivos descienden de unos pocos antepasados comunes, y que la selección natural es el motor de los prodigiosos cambios que nos llevan desde la bacteria microscópica a la especie capaz de componer la música de Mozart.
    El primer problema de esta hipótesis es que jamás hemos observado un salto de especie, y la ciencia necesita que las demostraciones confirmen las suposiciones. Además, la selección natural no introduce novedades, pues opera sobre lo que previamente ha sufrido una mutación. Darwin expuso sus teorías en El origen de las especies (1859) y en La descendencia del hombre (1871). Aunque Mendel había descubierto las leyes de la transmisión hereditaria en 1865, el mundo no conoció esa revolución científica hasta 1900. Por ese retraso, Darwin murió sin sospechar que los caracteres adquiridos no se incorporan al patrimonio genético y, por tanto, no se transmiten por herencia. Aquí radica el tercer punto débil del darwinismo. Sin embargo, un buen ejemplo puede hacer creíble cualquier error, y perpetuarlo indefinidamente entre el gran público. En el ejemplo evolucionista más clásico se afirma que la jirafa tiene el cuello tan largo porque prosperaron solamente las que pudieron alcanzar el alimento de las ramas altas. El inconveniente de esta explicación es que no han aparecido restos fósiles de jirafas en vías de desarrollo, puesto que son iguales desde su aparición, hace dos millones de años. Además, las crías de jirafa se hacen grandes alimentándose de las hojas bajas, y las hembras, que miden un metro menos que los machos, tampoco tienen problemas de comida y de supervivencia.
    Con la difusión de las leyes genéticas, el evolucionismo darwinista se vio obligado a cambiar de argumentos. Así surgió el neodarwinismo, también llamado teoría sintética. La selección natural se unía ahora al que se suponía principal mecanismo del cambio: las mutaciones genéticas. Sabemos que casi todas son perjudiciales, incluso mortales, pero la selección natural hará que solo se conserven y transmitan las favorables. Como serán pocas y muy pequeñas, harán falta enormes períodos de tiempo para que se produzcan cambios apreciables. De este modo, la evolución se convierte en una lenta y larga cadena de pequeñísimos cambios graduales.